Uso de Dispositivos Móviles en Instituciones Educativas: Perspectiva Crítica y Reflexiva

¿Sabías que en Chile el 58% de los niños, niñas y adolescentes obtiene su primer celular con Internet antes de los 10 años de edad? Así lo señala un estudio realizado por las Universidades de Chile y Católica, en alianza con MINEDUC y UNICEF en 2022. En este contexto, es crucial reflexionar sobre el impacto de los dispositivos móviles en el entorno educativo.

En el trasfondo del regreso a clases y la consiguiente discusión sobre el uso de dispositivos móviles en las instituciones educativas, es imperativo adoptar una postura crítica y reflexiva que aborde tanto los posibles beneficios como los riesgos asociados con esta práctica. Antes de profundizar en esta cuestión, es fundamental considerar el contexto educativo actual, caracterizado por su complejidad y los múltiples desafíos que enfrenta. Como señala Garrido (2024), “El escenario educativo contemporáneo, en todos sus niveles, es particularmente complejo por su carácter desigual, un currículum que tiende a la homogeneización y que aún no se abre a la multiplicidad de formas de aprender, un mundo frágil, y donde la tecnología abre un horizonte que remece las ideas y agrega desafíos relacionados a las condiciones de acceso y uso ético, entre otros” (párrafo 6). Esta reflexión subraya la importancia de abordar el uso de dispositivos móviles en la educación desde una perspectiva que no solo valore sus potenciales beneficios pedagógicos, sino que también tenga en cuenta los retos asociados a la equidad, el acceso y la ética en el uso de la tecnología.

Si bien existen argumentos a favor del uso de celulares en las escuelas, tales como: la facilitación del acceso a información educativa, el fomento de la comunicación y colaboración, así como el desarrollo de habilidades tecnológicas, es relevante analizar estos beneficios en un contexto más amplio.

La idea de que los dispositivos móviles pueden servir como herramientas útiles para acceder a recursos educativos en línea y aplicaciones específicamente diseñadas para mejorar el aprendizaje es innegable. Sin embargo, es crucial considerar la calidad y fiabilidad de la información a la que se accede a través de estos dispositivos, así como el potencial de distracción que pueden generar en el aula.

Asimismo, se reconoce el valor de los celulares como facilitadores de la comunicación entre estudiantes y profesores, así como su capacidad para fomentar la colaboración en proyectos educativos. No obstante, es importante cuestionar hasta qué punto esta comunicación digital puede sustituir o interferir con las interacciones cara a cara y el desarrollo de habilidades sociales y emocionales.

Por otro lado, el desarrollo de habilidades tecnológicas es un aspecto cada vez más relevante en el contexto actual y futuro de la educación. El uso controlado y educativo de celulares en el aula puede contribuir a este objetivo, proporcionando a los estudiantes la oportunidad de familiarizarse con herramientas digitales y promoviendo su capacidad para adaptarse a un entorno tecnológico en constante evolución.

No obstante, es fundamental reconocer y abordar los riesgos asociados con el uso indiscriminado de celulares en las escuelas. La distracción y falta de concentración en el aula, el impacto en la salud mental y el desarrollo de los jóvenes, así como la interrupción del proceso educativo son aspectos críticos que no pueden pasarse por alto. Una investigación realizada en 2016 (Hodelín et al.) señalaba en esos años que la exposición prolongada a los videojuegos y a Internet puede tener consecuencias significativas en el desarrollo neurológico de los niños, afectando su capacidad de concentración, motivación y patrones de sueño, lo que a su vez impacta en su rendimiento escolar y relaciones sociales. ¿Qué significa esto? Que la hipersensibilidad neurológica derivada de la estimulación constante puede generar inquietud, hiperactividad y alteraciones en el ciclo natural del sueño, crucial para el desarrollo cognitivo y emocional. Además, en personas – e infancias – que generan dependencia a los dispositivos, el aislamiento progresivo de su entorno familiar y social es una preocupación creciente, mermando la importancia de las interacciones humanas directas.

En este sentido, se hace un llamado a los padres, educadores y responsables de políticas educativas a adoptar una postura equilibrada y reflexiva hacia el uso de dispositivos móviles en las instituciones educativas. Más allá de los potenciales beneficios que puedan ofrecer, es esencial considerar detenidamente los posibles impactos negativos y tomar medidas proactivas para mitigarlos, garantizando así una experiencia educativa saludable y enriquecedora para todos los estudiantes.

Camila Leigh, Profesora Investigadora, Facultad de Educación y Ciencias Sociales (FECS), UNAB Sede Viña del Mar.
Juan Pablo Catalán, Profesor Investigador, FECS, UNAB.

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